Ricardo Solis estuvo a cargo de La Liefman belga y las La Trappe holandesas, mientras Benjamin Wood, de la nacional Tubinger.

Maridar ya no es sólo cosa de vinos. Desde hace un lustro en Chile se marida, y muy bien, con cervezas. Por ese puro placer y el de compartir, “Alma Cerveza” realiza cada cierto tiempo, una cata maridada en algún interesante  rincón de Santiago.

Convocando a los interesados y teniendo el objetivo, además, de develar esta cultura a los recién iniciados, el 17 de enero del nuevo año 2013, el equipo de la revista llevó el evento hasta el restaurant pub Abtao en el entretenido barrio Bellavista.

Allí, entre sonrisas abundantes y cálida atención, el Abtao, local de gastronomía chilena – que por cierto lleva el nombre de un hermoso lugar al sur del Pacífico, donde en 1866  se libró el combate naval entre la escuadra perteneciente a la alianza chileno peruana, en que pelearon por el mismo bando Arturo Prat y Miguel Grau, contra los españoles –  ofreció una velada inolvidable al grupo de catadores, entre quienes compartían amantes antiguos de la cerveza y novatos…

Las etiquetas escogidas para la ocasión eran la chilena Tübinger, la trapense holandesa LaTrappe y la belga Lieffman, estilos con amplias diferencias. El menú, cuidadosamente elegido por los sommeliers Benjamin Wood, Ricardo Solis y la chefs del Abtao, oscilaba entre los pescados y mariscos, pastas y pizzas, delicados salteados y un nutrido mixto de ensaladas y salsas. Amén de exquisiteces.

Tras una breve bienvenida de uno de los directores de la revista, que en tono de humorada  justificaba la cata “para celebrar la supervivencia al fin del mundo”, se dio inicio al maridaje. Ricardo Solis, de Cerveza de Autor, junto a Benjamin Wood, maestro cervecero y responsable de la producción de Cervezas Tübinger, fueron los encargados de guiarla.

cata abtaoEl aperitivo llegó con la Liffmann, una bebida muy afrutada, plenamente berries, de muy roja presencia visual, una belga irreverente, desembarazada del prototipo conservador, creada para servirla con cubitos de hielo. Tales peculiaridades la hacen admirada y preferida por el gusto femenino de las chilenas.

Al frente, Ricardo Solís “el maestro”, conocedor consumado de la cerveza y su fórmula para maridarla, captaba la atención de los asistentes; relataba el origen de la cerveza, explicaba sus procesos de elaboración, sus diversos estilos y características que al final la convierten en el producto preciado que los catadores y el público disfruta. Algunos minutos después, la larga mesa del Abtao, sostenía las copas con La Witte de La Trappe, cerveza de trigo hecha por monjes holandeses, cuyo aroma, sabor y sus 5,5 de grado alcohólico se maridaría para complementar el tradicional ceviche peruano con leche de tigre, cancha y choclo, plato que el Abtao -en un simbólico acto de unidad que rememora la alianza Chileno Peruana de 1866 –  denominó: “¡Viva Chile Pé!”.  El pescado, puesto a punto con el limón de pica y preparado con todos los secretos de la chef, se incrementó con los sorbos de una copa con sabor a Witte de trigo que muy cuidadosamente se había elegido.

Las alegres sonrisas y el bullicio de los contertulios empezaban a asomarse derritiendo el hielo. Desinhibidos, se escuchaba el calor de los comentarios que cruzaban la mesa de un lugar y de una dirección a otra, intercambiando opiniones y coincidiendo siempre en la complementación potencial del maridaje. Así subió a la mesa la Red Ale de Tübinger y el jamón serrano que aparecía de miedo. Junto a esta presentación, Benjamin Wood reemplazaba en la guía a Ricardo Solis y frente a todos los asistentes narraba las bondades de su cerveza Tübinger, preparando al público para conseguir el disfrute máximo al maridarla. El jamón tradicional de preparación española, se hizo acompañar por una salsa de casa y una ensaladilla fresca. En boca, la Red Ale, hacía la labor de cortar y limpiar para volver al bocadillo y disfrutarlo con gastronómico placer. Buena selección.

Volvió a la carga La Trappe y con ella Solís, para presentar una Dubbel de doble fermentación y sus 6,8 de grado alcohólico, su matrimonio lo contrajo con una Pizza a la Chilena con salsa pomodoro de la casa, mozarela, cherry y otros ingredientes un  tanto picantes que sonrojó a más de uno. La experiencia subía el ánimo como en volumen alto a los asistentes, a esta hora todos alegres. De nuevo, la complementación ganaba por amplia mayoría, el aroma complejo y la sensación licorosa y afrutada de la Dubbel elevaba el regocijo de las papilas gustativas.

El turno de La Trappe, debía proseguir por aclamación o por la fuerza, así el comodoro Ricardo Solis, enviaba el poderoso sabor, con 8 grados, de la tercera holandesa para conquistar su maridaje: “Entre Tongoy y Los Vilos”, un plato de estupenda originalidad que concentra carne y pollo salteados al ajillo. Beber una trapense con tres fermentaciones no estaba para pequeñas cosas y “Entre Tongoy y Los Vilos” estuvo a la altura, acompañado además por un par de exquisitas salsas,  una de ellas más picante que todas las anteriores, pero de sabroso contacto con el gusto; fue un complemento directo para no ser más circunstancial, porque cada vez que toquen una Trippel, quienes vivieron esa religiosa experiencia, querrán maridarla con un “Entre Tongoy y Los Vilos”.

La hora en el Abtao había transcurrido sin que los catadores se den cuenta,   el fragor del maridaje abría sonrisas hasta alcanzar las orejas,  absorbiendo el alegre bullicio del pub repleto de risotadas y buena onda. Benjamin Wood entonces tomó el timón y cual capitán condujo esta parte de la velada. Era el momento de lanzar su andanada, una fuerte, y entonces fue la ruda Tubinator  de 8 grados, su Dark Strong Ale, de Oso grande en su etiqueta, quien con personalidad y buen cuerpo pudo hacer frente a la “Marinera” de camarón, ostión, calamar, reineta y salmón apanado con dressing. El resultado: también el complemento. Excelente prueba.

   Pero eso no era todo, el Abtao tenía más, proponía una fiesta, una celebración. Sobrevivir al 2012 lo ameritaba y las exquisiteces habían preparado bien los corazones. A punto de bailar, irrumpió la gran Quadrupel de La Trappe, volvieron todos a sus puestos, escudriñándola al milímetro: 10 de grado alcohólico, la mesa vuelta un jolgorio, dio paso a la leche asada, un postre clásico, las copas rebosaron con el mixto color del ámbar y la espuma. Solís pidió contacto con el sentido olfático, 30 razones diferentes aplaudieron los atributos de esta enorme cerveza. En boca, sucedió una catarsis, todos eran ya conquistados. La leche asada fue sólo el contraste perfecto. Una enorme cerveza, cautivadora, compleja por excelencia, inefable para muchos, cerraba con telón purpura y dorado broche la cata maridada del inolvidable Abtao, que daba inicio a la fiesta donde todos los catadores asistieron, sólo por el gusto de alargar la dantesca sensación de placer que una cata, acababa de instalar en su experiencia de vida.cata abtao2

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